Una anécdota personal: ayer mi hermano vino acompañado de un amigo suyo, con el cuál ya me he cruzado en alguna que otra ocasión. En aquella vez, se definió políticamente algo así como independiente o de vuelta de todo, cansado de la manipulación informativa y de esto y aquello. Ayer la conversación giraba sobre un anuncio, que diremos era sobre una convocatoria de charlas de estudiantes universitarios fuera de cualquier asunto docente. El argumento giraba en torno al uso de la palabra “Comprometeos” como parte del lema de dichas charlas y como esto establecía un rasgo de unión con el movimiento 15M. Según se desarrollaba la cosa, al parecer un tipo que escribió un panfletillo y que al parecer originó dicho movimiento, como si en el mundo de la izquierda nunca hubiesen existido ni los panfletillos ni los grupúsculos con ideas diferentes a las de otras corrientes dentro del seno de dicha denominación, y que según este interlocutor dicho libro era “un panfleto”, y que de dicho libro viene la denominación con la que tratan los medios de comunicación a estos “indignados”, después, en el tiempo libre que debe haber tenido entre entrevistas organizadas por sus editores y demás, ha escrito otro libro, esta vez, al parecer, exhortando a la gente a “comprometerse”. Y este muchacho, decía que era interesante leerlos para comprender la psicología de este movimiento social, para después descartar posiblemente cualquier tipo de asistencia a dicha conferencia, ni siquiera por el hecho de confirmar sus sospechas.

 Cuanta tontería junta ¿no? Vamos a empezar por lo obvio: del mismo modo que el pueblo no da su “opinión” durante unas elecciones, digo yo que resulta obvio que las razones por las que ocho, doce o catorce millones de personas tienen que ver algo con la situación y condiciones específicas de las vidas de cada votante y sugerir que se conocen estas es de una bravuconería y bobería absoluta, pretender encontrar la “psicología” de un movimiento de procedencia dispersa y propuestas aún más dispersas, que habría que englobar en una escala global, sin pretender leer siquiera los resultados de sus reuniones, mítines y manifiestos, (es decir, por seguir con las metáforas tontas “su voz”) roza lo ridículo.

 La única razón por la que se puede hacer este orden de razonamientos es porque tenemos ante nosotros una narrativa que genera causalidad: estos planteamientos teóricos producirán en la práctica estos resultados concretos de variada índole según las condiciones locales. Y es entonces cuando debemos leer las cosas en tono retroactivo: es decir si realmente existe dicha narrativa y se puede establecer tal cadena casual. Suponemos que podemos decir que no, al menos desde la perspectiva de que no se tiene en cuenta las acciones, propuestas y manifestaciones de aquellos que organizaron dichas protestas, que se podría entender, al menos de algún modo las “causaron”. En lugar de esta realidad dispersa, fraccionaria, interrelacionada y contradictoria, es decir un conjunto de gente que pudo interrelacionarse a través de la Red, se nos presenta una tecnología del pasado: un libro.

 Un libro tiene una serie de atributos más o menos reconocidos: es un contenedor dentro de un texto de una serie de ideas expuestas de manera más o menos lineal, puede interpretarse como la obra de un autor, usualmente los argumentos y opiniones se presentan dentro de unos ciertos parámetros de presentación y estilo y demás, es decir que puede resultar más sencillo extraer una cita de uno que por ejemplo de un hilo en un foro o una discusión que sucede en los comentarios de una entrada, que tiene más semejanzas con una reunión de vecinos que otra cosa.

 En algún blog de algún periodista que forma parte de la gente cuyas acciones se describen bajo el nombre de “15M” se hablaba por una parte de la mala práctica periodística al formar opinión sobre el uso de un término, “indignados”, que usaron los propios medios en su desastrosa cobertura informativa inicial y que los obligó a incorporarse a la marcha y con el pie cambiado. Pero también, había una queja bastante amarga por la aceptación de la que gozó este termino, tal vez no para designarse a si mismo como movimiento pero para enunciar unas propuestas que parecían salir de dicho sentimiento, entre los propios participantes, y por tanto haciéndose acreedores de todo los soniquetes lanzados por los todólogos de turno que establecen el marco de la discusión en la arena pública. Es decir, establecerse como el sujeto de las acusaciones.

 Y ya por último habría que hablar de otra de las prácticas del periodismo, que es la de cotejar la información que presentan otros medios de comunicación y mediante un cierto criterio de objetividad o imparcialidad, asemejar, dar cabida o insertarse en el marco de referencia en el cuál la noticia se ha tratado. Y si alguien se saca de la chistera la analogía de que esto es una suerte de moviente alter-global, y hay noticias de que un libro que puede encajar con esto (y según como se presenta cualquier cosa que mejore lo social es de izquierdas), habiendo sido un éxito de ventas en algún país próximo (nunca se menciona si generó algo aparte de cash flow, o si había antecedentes o demás)… Pues resulta de una presentación más sucinta y las reacciones de protesta como máximo se quedarán en alguna carta publicada en algún periódico que así lo estime procedente. En un exceso ya, usar estos mecanismos establecidos para generar este tipo de resultados informativos puede ser de interés para alguien. Y otra de las ventajas del libro es que se puede establecer una cabeza de turco, es decir, que se puede hacer el número de desacreditar los argumentos de un modo sistemático y generar las asociaciones de significados y referencias necesarios para presentar unos hechos ante el público que te sigue. Imaginen lo que sucedería con esta visión del mundo si tuviera que extenderse ante una variopinta presentación de argumentos e ideas, si su respuesta no sería tan desmadejada como aquello que se crítica, que sucedería con la autoridad intelectual de estos representantes de la opinión pública. Quizá lo que habría que mirar en estos casos, más que el modo en como los debates generados ocupa el lugar de lo que está sucediendo, es algo que tiene que ver con el aprendizaje y con la plasticidad del cerebro: los conceptos se interrelacionan mediante la repetición y fortalecimiento de esas asociaciones, el ejemplo de cómo un niño asocia las palabras de su madre cuando esta dice “perro” señalando la figura de un animal, o la correlación fisiológica: los grupos neuronales que responden a dichos conceptos establecen conexiones más fuertes entre ellos. Es decir, que se crea ideología en el sentido de mostrar a cada individuo, en su soledad, que la protesta acaba siendo ignorada, que todo vuelve a lo mismo, a la “calma”.

 Por desvariar ya completamente, enlazamos (con buscar el texto entre comillas debería aparecer en Google) el artículo de turno donde el periodista de turno le pregunta al entrevistado (el sociólogo Zygmunt Bauman) “si le parece que estas grandes manifestaciones masivas, pacíficas y tan heterogéneas lograrán combatir los abusos de los mercados, promover una democracia real, reducir las injusticias y, en suma, mejorar la equidad en el capitalismo global”. Fíjense en la sorna del asunto, como se usa el nombre de uno de los organizadores de las protestas para ridiculizarlo, usar la cursiva para volver a establecer el argumento de lo utópico y lo real, la falta de propuestas que puedan ser aprobadas al ser presentadas por un partido político dentro del sistema parlamentario actual, etc. O la franca desmesura de los objetivos que una única reunión ha de generar sin mostrar cuál podría ser el balance entre objetivos y reuniones alcanzados habitualmente por el método “real” (como por ejemplo establecer medidas contra el cambio climático o evitar que la especulación de los mercados lleve a la quiebra técnica a la Unión Europea que entró en esta espiral al absorber la deuda del capital privado). Nunca establecer un posible grado de paralelismo entre acciones y resultados de unas y otras propuestas.

 Y entonces se puede proceder a leer lo que el sociólogo dice, con lo que uno, ni creo mucha gente que ha participado en estas protestas estará en desacuerdo o espera que suceda otra cosa si se queda en esto. Pero que se presenta como una reflexión que es ajena a los protestantes y de un modo gracioso, se vacía de contenido las reflexiones del entrevistado al convertirlo en el argumento del contertulio de turno. Curiosamente, leyendo por primera vez a Bauman recientemente, su libro “Consuming Life” me provocó una serie de sensaciones curiosas: es la primera vez que he pensado que algunas de las páginas de un libro son un auténtico tour de force a la vez que pensaba que no podía sentir más indiferencia por dichas reflexiones. El libro resulta infinitamente citable, pero el planteamiento, que desde el principio se nos comenta utilizará el armazón teórico de los tipos ideales, es decir hacer generalizaciones que nos provean de la posibilidad de entender de un modo simplificado los procesos que están sucediendo en la sociedad, hacen que la portentosa interpretación se convierta en una actuación, una performance.

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