I’m evil

Bueno, dice Ray Brassier en “The Speculative Turn” que:

“Mortgaged to the cognitive valence of metaphor but lacking the resources to explain let alone legitimate it, Latour’s irreductionism cannot be understood as a theory, where the latter is broadly construed as a series of systematically interlinked propositions held together by valid argumentative chains. Rather, Latour’s texts consciously rehearse the metaphorical operations they describe: they are ‘networks’ trafficking in ‘word-things’ of varying ‘power’, nexuses of ‘translation’ between ‘actants’ of differing ‘force’, etc. In this regard, they are exercises in the practical know-how which Latour exalts, as opposed to demonstrative propositional structures governed by cognitive norms of epistemic veracity and logical validity. But this is just to say that the ultimate import of Latour’s work is prescriptive rather than descriptive —indeed, given that issues of epistemic veracity and validity are irrelevant to Latour, there is nothing to prevent the cynic from concluding that Latour’s politics (neo-liberal) and his religion (Roman Catholic) provide the most telling indices of those forces ultimately motivating his antipathy towards rationality, critique, and revolution”.

De modo que por estar más influenciados por los textos de Latour que por los de Brassier implica en cierto modo que somos unas cheerladers neoliberales. Muestra inequivoca de cómo torcemos los caminos rectos se pueden encontrar en cualquier parte de este blog. Por ejemplo:


Ver este lanzamiento

Fomentan el juego (Ver cuarto video)

O por ejemplo, proponiendo el lucro en regimenes autoritarios:


O incluso fomentando el cambio de lo analógico a lo digital:


El problema que se nos presenta entonces es el de una posibilidad fantástica: seguir haciendo nuestras cosas mientras proponemos caminos de huída para los lectores de este blog cuando descubran que están siendo engañados.

Como uno cree que una de las principales virtudes de Brassier fue la de presentar un canon de autores en los que ahora bastante gente chapotea, y gran parte de su obra continua girando en torno a par de principios rectores (que él tiene la razón y que está leyendo a los autores correctos para poder presentar después los motivos de ello), hemos pensado que deberíamos tratar de leer algunos de estos e incluirlos en los contenidos de este blog. Obviamente, serían lecturas además de inadecuadas (uno no ha estudiado filosofía) también torcidas (lean de nuevo el título de esta entrada), pero quizá de ese modo puedan huir de aquí. Habría otras opciones: por ejemplo tratar los textos del propio autor, pero seguramente haríamos una lectura reduccionista de ellos (como por ejemplo enfangarnos en el terreno de cómo “la” ciencia explica el mundo, más allá de nuestro acceso a éste y cómo el uso de esta nos debería de librar de las narrativas con las que interpretamos estos desde nuestros sentidos y nuestro hardware (neuro)biológico para llegar a la revolución, haciéndonos la pregunta de qué ciencia, ya que Latour lleva trabajando con científicos desde hace décadas, mientras Brassier nos propone otro panteón de autores científicos (suponemos sin “ideología”) que se ajusta a lo suyo, aunque existan otras teorías y modelos de interpretación de los mismos experimentos científicos). De modo que por su actividad y declaraciones recientes, la cosa se reduciría a Wilfrid Sellars, Robert Brandom y Francois Laruelle. Tenemos nuestras dudas respecto a Sellars (Brassier afirma que se equivocó cuando lo despachó en un par de páginas en su primer libro y que no había entendido en toda su complejidad la obra de este autor, aunque claro, entonces lo decía en el mismo tono que ahora). Brandom comenta en la obra de Sellars y también la de Hegel (siempre un atajo hacia la revolución). De modo que nos quedaremos con Laruelle y su no-filosofía. Ahora, a ver si hacemos algo más que esta entrada al respecto.

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