En cierto modo, escribiendo esta entrada para aceptar lo desconectado que estoy de la actualidad. La excusa es esta memorable (o al menos pegadiza) canción de Alkaline:

   

Alkaline ha llamado la atención también por esta canción:

   



Con el consiguiente ladrido de los perritos de la ideología dominante (tanto nivel usuario como artista) denunciando su “homosexualidad”.

 Por defecto, uno busca patrones, figuras que conecten distintos materiales. En “Clampdown: Pop-Cultural Wars on Class and Gender”, el modelo aplicado era el de que “todos” formábamos parte de una sociedad basada en la meritocracia. Esta fantasía que ignora con habilidad los diferentes puntos de partida, perfila una cierto discurso “moral” generalizado que trata de castigar a los “tramposos”. Algunas de las manifestaciones de esos tramposos, suelen ser en el terreno cultural, aquellos que “no tienen clase” (o modales), y en el económico, aquellos de “viven de nuestros impuestos”.

 En “Manifiesto del nuevo realismo” el argumento parte de uno de los puntos conocidos de lo postmoderno: la crítica de ciertas verdades “universales” genera una multiplicidad de puntos de vista donde todo parece dar igual. El matiz se encuentra en como esta crítica que se supone parte de la “izquierda” es instrumentalizada y usada por la “derecha” para su beneficio (el análisis parte de la realidad política y mediática italiana de las últimas décadas).

De modo, que este continuo participar de los artistas en el juego de las “declaraciones” y la continua necesidad de estar posicionados (es decir, haciendo “declaraciones”) respecto a estos referentes para sentirte integrado dentro de la esfera en la que dices participar (cultural, política, etc.), es algo que debería resultar más merecedor de reflexión.