Garabatos

Llevo meses leyendo e intentando escribir un artículo sobre ídolos. Creo que el tema, desde el enfoque que le doy resulta bastante sugerente para la reflexión, pero el problema es que no dejan de aparecer flecos por todas partes, nuevas cosas que deberías leer, conceptos que conectar (no es broma cuando digo que es el primer artículo que he tratado de escribir a partir de diagrama que en su forma completa debía extenderse por páginas y páginas relacionando textos e ideas) y demás. Creo que sigo interesado en los temas que relaciono, pero el punto de partida (un análisis de los tres PVs veraniegos de los grupos de la familia AKB), bueno ya no se si estoy interesado o si me siento cualificado para seguir hablando sobre el grupo (dos de esas tres canciones me encantan y casi las tres canciones anuncian un tanto el final de cualquier posterior desarrollo de los grupos en cualquier dirección interesante). Pero supongo está bien hablar de los fracasos. Tampoco sabría de que escribir ahora mismo.

El punto de partida lo asiento en un artículo de Fredric Jameson titulado “Reification and Utopia in Mass Culture”. Jameson toma algunas películas taquilleras del momento (1979) como “Tiburón” o “El Padrino” y trata de mostrar como dentro de los productos de la cultura de masas pueden convivir la tendencia a reproducir la lógica del capitalismo de la época así como sugerir la posibilidad de un elemento utópico que permita escapar de la uniformidad de esa realidad. La traslación de este análisis al universo de AKB la hago a partir de una reflexión sobre las dos tendencias que existen en el grupo: por una parte es un grupo en continuo cambio, un laboratorio de “innovación” no en el sentido de inventar, pero si de generar nuevas iteraciones, mezclas y todo eso y por otra parte es un grupo que genera (y promueve) una cultura “conservadora” en el sentido de que ha de estar centrado en las “personas”, en los ídolos, o quizá mejor, en las presencias de estos.

Trasladando estas dos polaridades a esferas más “serias”, y con el capitalismo de por medio, uno encuentra que son una especie de modelo que imita las dos principales tendencias políticas en el mundo ahora mismo: neoliberalismo y neoconservadurismo. Reduciéndolo a lo esquemático, el primero trata de crear un mundo a partir de la idea de que el mercado, la individualidad, el sujeto en competición unos con otros pero dentro de una esfera de leyes en las que todos deciden participar (ya, delirantemente utópico…) pueden sacar lo mejor de la humanidad. La idea neoliberal es la de permitir la autorregulación de los mercados, no dejar que nadie interfiera con ellos, ya que las normas son incapaces de tener la capacidad de adaptación que los mercados en contacto con la realidad (el ejemplo sería el de un gobierno determinando el precio de un producto sin atender a las fluctuaciones de su precio o las necesidades de sus conciudadanos, suponiéndose que el libre mercado generaría competencia y bla, bla, bla, ya saben, todo perfecto en lugar del mundo de oligopolios en el que vivimos). Los neoconservadores siguen manteniendo la idea del mercado pero deciden que deben de haber unos “valores” rigiendo en la sociedad, dictando lo que es “bueno” o “malo”. Y bueno, que son los “correctos”, por alguna extraña razón (por ejemplo, tomar la tradición como fuente de los mismos, como si la tradición no fuese una formación histórica y cultural y todo lo demás). Volviendo al grupo, esto se encarnaría por ejemplo en una enumeración de los mundos de consumo que genera el grupo (por ejemplo, un single se edita en múltiples versiones, con distintas canciones y contenidos en el DVD, pero además se añaden fotografías de regalo, algunas genéricas, otras exclusivas (por ejemplo de varios miembros del grupo o en solitario) para tiendas, que extiende el asunto a por ejemplo veintiocho versiones distintas, o esta misma idea de mini-narrativas en su forma de anunciarse, que por ejemplo, también es el modelo de trabajo de su compañía publicitaria (Dentsu) (por ejemplo, colocar distintos anuncios en distintos periódicos que se entienden mejor en conjunto, incluir pistas para generar el boca a boca desde los expertos a los interesados, incluir promos gratuitas en lugares de tránsito del público, etc.), su presencia en medios (televisión, radio, prensa), su generación de información propia a partir de sus actividades y en multitud de cajas de resonancia en las actividades de sus miembros en distintas redes sociales (blogs, Twitter y sobre todo Google+). Y ante toda esa inmensidad de actividad, información y demás constatar la tendencia cada vez más reaccionaria de su público. Su necesidad de filtrar la “verdad” como algo subjetivo, el continuo amasar la opinión a través de una cuidadosa ración de corta y pega y demás que nos lleva de lleno a una de las tendencias más aterradoras de la actualidad: cuando los seguidores siguiendo una “narrativa” que los hace creerse en la posesión de “la verdad” deciden actuar, “castigar” y demás, aunque no tengan base de ningún tipo para hacer lo que están haciendo. Quizá el ejemplo más contundente de esta tendencia está dentro del K-Pop, donde el grupo T-ARA supuestamente se encontró envuelto en una historia de bullying a uno de sus miembros. Supuestamente, porque ninguna de las evidencias que se usaron para generar ese ángulo era demasiado real. Pero la reacción es la de volver a buscar evidencias todavía más rebuscadas, no bajarse del burro, no cambiar de dirección, sentirse completamente dueño de la verdad por lo satisfactorio de una resolución sencilla mediante una trama más o menos peliculera. AKB ha tenido varios escándalos este año y quizá el más ilustrativo de esta tendencia fue el que incluyó a cinco miembros de HKT. En teoría, según un semanario de cotilleos, suspendidos por haber participado en una fiesta con fans, beber, fumar y todo lo que se pueda sugerir al respecto. En teoría, una de las componentes del grupo denunció esto pero fue expulsada con el resto. Ya tienen de nuevo a los “buenos” y “malos”. Cómo “conociendo” a ese miembro, uno creía que las acciones del management eran injustas y cómo debía de haber afectado a otros miembros que uno “conoce” son amigos y bla, bla, bla. El asunto es que uno de los miembros expulsados, en un gesto un tanto inaudito, decide filmar un vídeo explicándose y subirlo a YouTube. Cuenta cómo su “delito” (de nuevo lo bueno y lo malo, quién obedece las reglas o no, no importa lo ridículas que sean, lo interesadas que sean, están “para cumplirse”) fue tener alguna conversación con fans vía email (algo prohibido) y que le llevo a reflexionar si realmente estaba hecha para este tipo de vida, pensando que no (y claro, después excusándose por su egoísmo ante fans y demás). Jamás se disculpa por lo que supuestamente se le acusa de (en teoría el vídeo es una reacción a cómo esa historia originada en el semanario y filtrada y aderezada por los fans comenzó a aparecer en los medios tradicionales como “verdad”). Algunas reacciones curiosas: buscar al uploader en YT y cachondearse de él, o seguir defendiendo a la “buena” (cuando claro, ya no puede ser la “buena” ya que toda la historia tal como la conocemos es mentira. Curiosamente, la “buena” se une un par de meses después (con otra chica que se había graduado hace una semana del grupo idol local HR) a un nuevo proyecto idol, donde ellas son el centro del grupo.

 En fin, quizá esta es la parte más farragosa de todo el artículo, pero para mi sorpresa, leyendo un artículo sobre otra cosas, recuerda como en el artículo original de Jameson sobre mapas cognitivos dedica una parte del mismo a hablar de teorías de la conspiración y tienen de nuevo toda la historia de la complejidad y saturación del mundo real y los modos en el que lo simplificamos de un modo u otro para poder navegar por él, y quizá apuntar a la idea de que estas reacciones “viscerales”, estas narrativas de “la verdad”, esta cosa tan espontánea, es algo que surge de convenciones, de modos de producción y presentación, de formas de destilar el discurso, de hacer ese “recorta y pega” en la vida cotidiana para tener una opinión, una “presencia”.

Una de las dificultades más grandes que encontré pensando escribir este artículo era como una serie de elementos aparecían en distintos contextos. Por ejemplo, una parte del artículo debería hablar de las actuales tendencias en los productos culturales, por ejemplo en cine y televisión, desde la búsqueda de una serie de vehículos genéricos (acción, terror, sagas, comedias, romances y poca cosa más) cuya financiación se pueda lograr mediante un pitch adecuadamente construido (una idea pegadiza, una serie de secuencias espectaculares que se después se adoban en un todo), a la idea de mundos (superhéroes, sagas fantásticas, vampiros y hombres-lobo, aliens, avatares, pero también “Star Wars” o “El Padrino” (este verano había un pleito entre los herederos del autor y el estudio cinematográfico por una secuela escrita por otro autor (hay varias ya) que podía generar la tentación de que otro estudio comprara para convertirla en película), el versioning, la venta de formatos (que también se puede entender en la continua y cansina cadena de adaptaciones de franquicias y demás cosas populares en la que se encuentra enfrascado Hollywood desde hace un tiempo), o la sindicación, en la actualidad una de las fuentes de ingresos más importantes e interesantes para las cadenas de televisión (vender por ejemplo, “Los Simpsons” y después rellenar horas y horas de tu programación emitiendo bloques de esta o aquella serie), cómo los programas que le gustan “a la gente”, en realidad son los que las compañías pueden vender a los canales de televisión y se reducen a lo probado y comprobado, y por supuesto a lo barato (mi fascinación por los canales de documentales que siempre necesitan de algún gancho tipo macho (“competición”, “multiplicar mi inversión”, “emociones fuertes”) para mostrar la “realidad”). Pero esto pisa el mismo terreno que por ejemplo, la explicación de la obra de Gabriel Tarde (muy, muy centrado en la generación y propagación de emociones y opiniones a través de los medios y demás).

El artículo empezó a tomar visos de realidad cuando logré conectar un par de zonas que creía eran interesantes respecto a los ídolos (el afecto como teoría y la idea de mundos, convergencia, media mix) a través de un mismo autor citado, que, más gracioso todavía, conectaba con otra zona que me interesaba bastante hablar (digamos la precariedad laboral). De este modo Nigel Thrift en su descripción de la creación de mundos como la tendencia más actual de la innovación en las empresas (la idea de vender un servicio, convertir a los consumidores en co-creadores, crear “comunidades de afecto” y demás) y Marc Steinberg (en su libro sobre el media mix y su preclaro ejemplo de cómo un adhesivo de “Astro Boy”, como metáfora de una figura que pasa del mundo de la ficción a personalizar el mundo del usuario) citan el trabajo de Maurizio Lazzarato.

El argumento de Lazzarato es que las nuevas políticas de izquierda deben de recuperar la innovación de las manos del mercado y dejar de comportarse como la guardiana, la conservadora de los logros obtenidos. Para ello se deben buscar una ideas que entiendan la diferencia, la creación de nuevas relaciones, algo que resulta un tanto difícil desde el marxismo que está basado en el idealismo de Hegel (es decir que uno puede retrotraerse desde lo empírico hacia lo esencial, aquello que genera los procesos, la raíz del asunto, etc.). Lazzarato comienza desde Liebniz y después la reinterpretación de su nomadología que hace Gabriel Tarde, para finalmente matizar a este con la obra de Foucault (el de “Nacimiento de la Biopolítica”) y el Deleuze de las sociedades de control. La idea es que en lugar de controlar a la población mediante digamos, la violencia (los lugares de encierro: prisión, escuela, familia, etc.), se hace a través de legislar y crear los marcos que dejan a los individuos indefensos y sin capacidad de reaccionar (por ejemplo, los microtrabajos, la idea de lo que debe hacer un parado (convertir su inactividad en una carrera: venderse a si mismo a los empresarios) o esa batalla terrible que hay ahora mismo en el Reino Unido sobre el concepto de estar “sano”, con empresas privadas que se lucran decidiendo quién es apto o no, o en que grado puede realizar su labor o no). Lazzarato (que ahora está escribiendo sobre la deuda como ejemplo de estas sociedades del control) también es el escritor del artículo más o menos clásico de ese concepto post-Fordista: el trabajo inmaterial. Y si esto ya parece embrollado, también pensaba colar la idea de trabajo emocional por parte de las componentes del grupo. Y así enlazar, de nuevo, con la idea de los afectos, la imitación, el mindreading, las neuronas espejo, el optimismo cruel, la idea de mundo en el sentido de intuir una configuración basada en personas, culturas, entornos, la construcción y el entrenamiento de lo cotidiano, etc.

Lo que pasa que todo esto, siendo tan interesante y fascinante como realmente es, no tiene demasiado sentido. Los lectores de este blog no están demasiados interesados en ídolos y yo cada vez estoy más cansado de fans de ídolos (es un poco aquello de Sevilla sin los sevillanos). Supongo que si escribo esto es porque hay toda una serie de entradas en el blog que debían leerse en conjunto con esta cosa tan larga, y que sería bueno mostrar (al final creo que es para lo único que sirve este blog, mostrar y conectar cosas) de donde vienen. Además, escribirlo de esta forma, me ahorra el completamente asesino trabajo de editar una entrada de esa longitud en Blogger, con fotos, vídeos y multitud de enlaces (en alguna de las entradas más largas que puedan recordar he tardado horas editando antes de poder publicarlo).

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