Una entrada que tiene bastante de basura autoindulgente

El título de esta entrada puede resultar un tanto llamativo, pero creo que resulta bastante sincero. Si se atreven a leer este aburrimiento, supongo podrán ver algunos de los temas y conexiones por las que este tipo de pop me interesa. Tampoco creo que llegue mucho más allá de formular o apuntar, en ocasiones, dichos puntos de interés. El discurso sobre estos temas está tan cargado de estereotipos, prejuicios, opinión y en general mierda, que cuando uno logra desembarazarse de todo ello, lo más que queda es ganas de dejarlo pasar. De todos modos, quiero escribir esta entrada y aunque sea un fracaso, algo supongo puedo aprender de ella. O al menos no tener que sentir la necesidad de escribir una parecida nunca más.


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Admitimos que la primera vez, y esperemos última (aunque el otro día alguien en Rinse FM lo coló en una remezcla dubstep), que escuchamos “Gagnam Style” de PSY, fue en un anuncio de Spotify. Conocemos de la reacción del público internacional y también la de los seguidores del K-Pop. No nos interesa ninguna, suponemos conocemos bien lo que vendrá después: la expresión “diminishing returns” puede sintetizar bien cuál es la mejor posible carrera en el terreno internacional, la búsqueda de la repetición por su parte o por la industria o el embalsamamiento en vida o el convertirse en una broma andante, la otra posible salida. Aún recordamos “La Macarena”.

Pero dejando aparte esta suerte de cuestiones, nos resulta fascinante lo que este fenómeno produce y reproduce en forma de ideología, si se quiere. Antes de comenzar con esta entrada, recordemos cuál es el actual momento histórico: la explosión de relaciones entre Japón, Corea del Sur, China (y Taiwán), por los hermosos y brumosos flecos que en forma de pequeños archipiélagos de islas diminutas el fin de la Segunda Guerra Mundial y quién hacía el reparto (Estados Unidos) dejaron sembrada la zona. También claro, el legado del imperialismo en la zona. Pero no menos importante, la muy concienzuda y trabajada construcción de unos muy exaltados e irracionales sentimientos nacionalistas, expresados de muy distintas formas, en algunos de dichos países.

  Este artículo no pudo hacer otra cosa que captar mi atención con su titular:

El éxito de "Gangnam Style" certifica el auge mundial del pop asiático 

 ¿Qué diablos es el “pop asiático”? Y uno que trata de escuchar pop coreano, japonés, chino y taiwanés o tailandés, (admitimos que es una muy pequeña muestra de la cantidad de posibles escenas nacionales que existen en la zona), no puede sentirse más que desconcertado al haberse perdido dicho “auge”.

“El éxito global del tema surcoreano "Gangnam Style" de PSY, (…), parece confirmar el auge planetario del otrora denostado pop asiático” 

De modo que existe una tendencia, una serie de hechos que a la luz de este acontecimiento se muestran encadenados y moviéndose en una misma dirección… “Antes de llover, chispea. Los llamativos logros de PSY se producen después de una serie de señales que hacen presagiar la eclosión mundial de una industria musical tan voluminosa de puertas para adentro que el techo de la casa se le empieza a quedar pequeño”. Oh.

“Hace meses que la revista de referencia Billboard creó su propia tabla de éxitos coreanos y la "girl-band" Wonder Girls, uno de los grupos fetiche de esta lista, se convirtió en 2009 en la primera formación de este país que saltaba a la lista "Hot 100", en la que se registran las mayores ventas de singles del mercado estadounidense”. 

Billboard siente la urgencia por crear una lista específica. Pero Billboard tiene desde hace más de una década una lista específica para el pop japonés. Es bueno recordarlo porque como el pop japonés es tan “denostado” nadie parece conocer su existencia…

 http://www.billboard.com/charts/japan-hot-100#/charts/japan-hot-100

El otro hecho que demuestra la creciente intensidad del movimiento de la Historia es la presencia de un (¡uno!) éxito en 2009. De modo que tenemos una canción en 2009 y otra en 2012, a todas luces mucho más viral y popular.

Se nos habla a continuación de la cantidad de copias que una de esas canciones vendió (no cuentan que para lograr llevar acabo dicha proeza, aparte de ingentes cantidades de promoción y asociación con grupos como los Jonas Brothers, la compañía decidió reventar el precio del single y ponerlo directamente en saldo, tampoco que no han tenido ningún otro éxito y que, cómo lo diríamos por si alguno de sus fans lee esto, su nivel de popularidad y presencia fue distinto a nivel nacional coreano antes y después de dicho hecho) y la cantidad de visitas y “likes” del otro.

“Tanta expectación levanta el mercado asiático, no sólo como receptor sino también como productor de música, que la última edición del Mercado Internacional del Disco y de la Edición Digital, el Midem 2012, dedicó gran parte de su programación a analizar este fenómeno”. 

Oh. El Midem. Después, en una notable necesidad de juntar churras y merinas, se nos comenta la lectura que el ex-guitarrista de Megadeth dio por allí. La necesidad de un occidental que nos traduzca las cosas de ese pop “denostado”.

Y después, los chinos:

Promotores y productores taiwaneses -que lideran el mercado chino- explicaron a Efe durante este mismo foro que su estrategia comercial pasa por emular el modelo británico de promoción, el mismo que año tras año atrae a miles de seguidores a citas tan conocidas como Glastonbury, Reading, T In The Park, Isle of Wight o V Festival. 

Y continúan en un par de párrafos más exponiendo la idea: hacer giras de conciertos, supongo muy reducidas, para la gente que conoce esta música, sean gente emigrante por una razón u otra, o locales. Es decir, vender 4000-5000 localidades en una serie de puntos en el planeta, por ejemplo, Londres, París o LA, sin que nadie se entere de su existencia por la prensa musical o local. Lo mismo que hace el K-Pop, pero sin el hype mediático.

Otra noticia que nos fascinó fue esta en la agencia de noticias nacional de Corea del Sur:

"Si la generación 1.0 del hallyu es el drama y la 2.0 es el K-pop, la 3.0 debe ser la versión modernizada de nuestra tradición" 

Que incluye perlas tan gloriosas como:

"Es verdad que Corea del Norte socava el valor de la marca de Corea del Sur", dijo ella, agregando que su agencia está redoblando los esfuerzos para ayudar a la prensa extranjera y a los usuarios de Internet a diferenciar claramente las dos Coreas. 

 "Hemos llegado a una conclusión de que la mejor estrategia de marca es conseguir que los consumidores olviden la existencia del otro lado en sí", dijo ella. 

Pero no perdamos el norte, perdón por el chiste involuntario, todavía queda K-Pop para rato. Pero pensamos quedarnos con esto:

La diplomacia pública, conocida también como la diplomacia que "conmueve el corazón de los extranjeros", se practica con la ayuda y la participación activa de los civiles y las organizaciones no gubernamentales.

Aunque suponemos que son realmente entidades distintas, la “diplomacia pública”, “la marca” Corea del Sur y el “soft power” apuntan a los mismos objetivos: el uso de la cultura como una suerte de publicidad o imagen pública que ayude al país o sus empresas a tener una mejor recepción en sus decisiones y/o negocios en la esfera internacional.

El término “soft power”, que si uno no ha leído decenas o cientos de veces asociado con el K-Pop no lo ha leído ninguna, es un término popularizado por el profesor y teórico de las Relaciones Internacionales, Joseph S. Nye Jr. primero, creo en forma de artículo, después en forma de libro. En la introducción al libro, tras comentar como el término aparecía sin concretarse en momentos en los que se encontraba con gente como Colin Powell, Donald Rumsfeld o Newt Gingrich, lo define así:

 What is soft power? It is the ability to get what you want through attraction rather than coercion or payments. It arises from the attractiveness of a country’s culture, political ideals, and policies. When our policies are seen as legitimate in the eyes of others, our soft power is enhanced. 

Por mencionar, antes de dejarlo, Nye, fue el co-creador de esa corriente de las Relaciones Internacionales conocida como “neoliberalismo”. En fin, lo que queremos sugerir es que la presentación y el discurso del K-Pop no es algo “inocente” en términos políticos.

De modo que llegamos a la joya de la corona esta semana, el largo artículo dedicado al K-Pop en el New Yorker (paywall). El artículo en si mismo es una suerte de recopilación de temas y motivos que aparecen y reaparecen con notable frecuencia en los foros y lugares de opinión de las comunidades internacionales de seguidores del género, o realmente, la “marca”. Nobleza obliga mostrar nuestro sesgo desde el principio. “

They look like cheerleaders,” my twenty-one-year-old niece hissed over my shoulder one day as I was watching “Gee” again. “Uncle Pervy!” 

No, it was nothing like that. For pervy, try the J-pop group AKB48, a Japanese girl ensemble, with scores of members, who, affecting a schoolgirls-in-lingerie look in their video “Heavy Rotation,” pillow-fight, kiss, and share heart-shaped cookies mouth to mouth. Girls’ Generation is a group of preppy-looking young women in skinny trousers. When they wear hot pants, it’s to display the gams, not the glutes. 

Bien, el asunto es que al ser acusado de ser un “pervertido” por ver MVs de chicas surcoreanas, el autor apunta en su defensa cómo lo realmente pervertido es lo de un grupo japonés. Aunque pensamos entrar en el tema, a mi me resultaría curiosa si al hacer la pregunta de si las chicas españolas son “sexuales” alguien contestara, “pues si vieras a las francesas”. Dejando de lado la muy curiosa y dudosa unión entre valor económico y las valencias asociadas con las manifestaciones de la sexualidad desde supongo, un punto de vista “moral”, el asunto es que ni siquiera es una respuesta. ¿Tiene o no tiene las connotaciones sexuales en esta cultura (la norteamericana) una respuesta parecida en la cultura original (la surcoreana)? La respuesta breve es que sí, aunque lo disfracen de muchas cosas.

Bien, lo primero es mencionar el movimiento retórico: preguntado por las presuntas “perversidades” del pop surcoreano, en lugar de responder, apuntar en su lugar a las supuestamente mayores “perversidades” del pop japonés para demostrar que uno es más “moral” y “mejor” que el vecino (literal). La estrategia no es necesariamente nueva: gran parte del marketing promocional del K-Pop en Japón es la de mostrar que talentosos y entrenados sus ídolos son respecto a los japoneses (tratando de ocultar el hecho de que, a pesar de las múltiples semejanzas del modelo, ofrecen cosas distintas), pero que es algo que resulta más o menos natural en las opiniones y conversaciones de fans. Una larga cita de “The Search for Reconciliation: Sino-Japanese and German-Polish Relations since World War II” de Yinan He:

From the early 1980s, the national memory of both countries entered a stage of renegotiation and reconstruction wherein the mainstream national myths were challenged and reshaped by both top-down moves of the ruling elites to adapt to their new political needs and bottom-up trends from social groups and the public. In Japan, conservative elites perpetuated self-glorifying and self-whitewashing myths, in part to shake off the war stigma and justify a more muscular international strategy, but the mainstream conservative historiography encountered stronger domestic and international objections. In China, domestic political needs to enhance regime legitimacy and facilitate social mobilization drove the government to promote victim consciousness and other-maligning myths regarding war history. These changes shattered the previous memory quasi-convergence between China and Japan and caused their history disputes to heat up. 

A close examination of the various aspects of the bilateral relationship during this period suggests that the emotional and psychological effects of these history disputes exacerbated mutual perceptions of threat, poisoned popular relations, and stimulated public opposition to diplomatic compromises during a period of bilateral sovereignty and economic friction. First, perceptions of hostile intention derived from historical memory heightened the Chinese elites’ distrust of Japan despite the two nations’ common goal of balancing the Soviet threat. Second, the emotions of historical grievances and resentment were an important source of China’s largely negative climate of opinion regarding Japan and the deteriorating Japanese popular perception of China during this period. Third, because of their divergent historical memories, the Chinese demanded Japanese concessions because of their sense of historical entitlement toward Japan, whereas the Japanese side disagreed that history mandated Japanese compromise. Such conflicting perspectives not only hardened the elites’ position but also motivated hawkish public opinion that strongly constrained government policy options in both countries. As a result, bilateral disputes frequently escalated and remained difficult to resolve. 

Aunque esto solo implica a Japón y China, la dinámica sólo se ha acrecentado. Japón tiene una larga lista de disculpas públicas sobre sus acciones imperiales. La acción, muy conocida es la de algún nacionalista en un cargo público importante de hacer alguna declaración en el sentido contrario, lo que genera la famosa sensación de que Japón no es “sincero”. Y toda una serie de lecturas revisionistas históricas que buscan precisamente liberarse del aroma progresivo que la cultura tuvo durante una época, algo, que bueno, en este país también resulta familiar. Según comentan periodistas, es difícil no ver cada día en la televisión china imágenes en forma de películas, documentales o informativos que muestren donde los japoneses se muestran como diablos. Hijos de gente que no había nacido en aquella época se arrogan el argumento de convertirse en estudiosos de la Historia y denunciar los hechos (la muletilla es que después no estudian la Revolución Cultural). En Corea del Sur, las cosas son un tanto más complicadas. Por ejemplo, hasta hace no muchos años uno no podía comprar productos culturales japoneses. Por ejemplo, los coreanos abrieron una investigación sobre sus propias atrocidades históricas. También cierto, cuando llegaron los conservadores al poder le dieron la patada. Aunque tiene mucho de injusto, y también incurrimos en el problema de simplificar mucho las cosas, si creemos que en lo básico existe una muy extendido discurso popular donde creo reconocer elementos ya mencionados como el uso de las víctimas como acelerador emocional, el discurso nacionalista, la reconstrucción de sus mitos e Historia.

Supongo que me ando por las ramas, y que ahora debería estar defendiendo la supuesta “pureza” de AKB48 y esas cosas, pero seguimos queriendo apuntar cosas antes de todo eso. La defensa de las SNSD es que a pesar de los hot pants, hay más incluido en el paquete (música pop, una determinada subcultura y en general, en términos de imagen, un suplemento en forma de “algo más”, algunos lo querrán ver como “valores” (pero a nosotros nos suena a PR, casi todo el mundo curra por ser músico y no hay ninguna correlación entre esto y el éxito) pero es más una cuestión de afecto que impide reducir la imagen al mero contenido sexual. Pero eso sólo es válido para el grupo que me interesa, para los otros la reducción a estereotipos me vale. De modo que AKB puede tener cerca de 400 canciones y múltiples tipos de videos, pero todo es reducible a una canción y al sexo. Imagina hacer lo mismo con cualquier vaca sagrada de la crítica musical y escoger una de sus canciones malas… ¿Qué sería de la crítica sin esa asimetría estructural?

El asunto, es que, la recepción de “Heavy Rotation” está mediada por la asociación de ideas y la proyección de las fantasías de los comentaristas. Uno podría extenderse mucho sobre este asunto (hay tanta tontería escrita sobre este PV), pero no hace falta irse tan lejos, en la cita de antes:

and share heart-shaped cookies mouth to mouth 

A lo mejor es cosa mía, pero leyendo esa descripción uno intuye que se pasan las galletas de una boca a otra. En el PV hay chicas que muerden (al mismo tiempo) la misma magdalena o galleta, algo que uno lee más como juego que sexo (aunque no son términos excluyentes), pero no hay un gesto de recepción o sometimiento a la voluntad del otro (hay alguien que decide no compartir la galleta, pero entonces es algo que no pasa). Dejando de lado que la lucha de almohadas, los besos o compartir la misma comida no necesariamente implican deseo sexual, hay un solapamiento. AKB protagonizó una campaña publicitaria de caramelos donde si pasaba eso, las chicas en cola se pasaban la una a la otra el caramelo. De nuevo como juego, ¿cuántas veces se ha visto la misma cosa en cualquier serie o programa de entretenimiento, por ejemplo, pasar un papel de boca a boca donde el fallo implica el beso y las risas de todo el mundo?, aunque ya un tanto como refrito y algo muy visto del grupo. El asunto de esto es que una noticia relacionada con esta campaña dio la vuelta al mundo. La supuesta noticia residía en el elevado número de quejas que esta campaña promocional recibió en Japón. El elevado número de quejas, fue, creo, poco más de cien. Los responsables de la campaña, por su parte descartaron esto diciendo que la campaña había tenido una recepción tendiendo a lo favorable (pero claro eso es PR). El asunto más alarmante de la noticia es cómo algunas de las supuestas quejas se reproducían en su integridad. Una de ellas hablaba sobre cómo el grupo promocionaba la homosexualidad y era algo que los niños podían copiar. Y ese mensaje, que en cualquier otra parte hubiera recibido generosas dosis de crítica por lo reaccionario y lo falto de base, tratándose de un grupo de música popular “bobo” es algo que uno puede compartir “irónicamente”. Risas sobre el grupo de “lesbianas”.

En cualquier caso, el problema es en parte el de la “ironía”, el creerse más inteligente que el sujeto de la crítica. Por ejemplo, ignorar que el director es en realidad una directora: Mika Ninagawa, fotógrafa de moda. O si se conoce el dato, hacer el movimiento de la “falsa conciencia” y cómo algunas mujeres trasmiten los valores del patriarcado y cosas así, es decir, que la tipa es boba y acrítica. Este es el trailer de la película que dirigió este año (basada en un manga):

   

En una entrevista para una revista, donde conversaba con el productor del grupo, hablaban sobre el famoso PV y de toda una serie de cosas curiosas: como las chicas (que aparecen en múltiples revistas masculinas en bikini casi cada semana) en un principio no estaban de acuerdo con la idea de aparecer en lencería en el videoclip porque no querían que las vieran como un grupo cuyo único interés es lo erótico (aunque AKB nunca le ha hecho ascos en lo promocional, ver lo anterior, o lo temático) y que ella finalmente las convenció de que el vídeo no iba en esa dirección (es decir, que algunos “críticos” (no equivoco el género) necesitan silenciar a muchas mujeres para poder “defenderlas”) y que en parte, el PV era como ella veía al grupo como fan del mismo. Y aquí es donde está lo verdaderamente interesante: lo que en apariencia resulta tan chocante para la gente es la supuesta conjunción imposible entre inocencia y sexualidad y cómo la primera ha de estar sometida a la segunda. Pero cambiemos los términos por unos análogos: lo que resulta tan chocante en la supuesta conjunción imposible entre intimidad y comercio. Salvo que no es una conjunción imposible: es nuestro día a día. Y del mismo modo, en el PV pueden convivir las escenas de diversión atolondrada (la pelea de almohadas que más que sexy es cafre (Maeda jugando con el peluche de Yuko entre sus piernas)) donde son más “ellas mismas” según uno conoce a través de la televisión, los blogs, los making ofs y demás y los productos/imágenes a través de los que podemos acceder al grupo (las ya mencionadas revistas masculinas). De hecho, una de las imágenes más perturbadoras del vídeo, Itano Tomomi con la cara salpicada de algo pringoso, es sexual pero en un sentido de extrañamiento y distanciamiento, que refleja tanto la sensación de que esto que estamos haciendo puedo ser interpretado de otra forma en otro contexto (es una imagen un tanto distinta en tono a las eyaculaciones que abundan en anuncios y las caras felices de las modelos) así como una reflexión a la serie de confusiones que provocan el afecto y el deseo.

La propia Ninagawa subrayó todavía más el tono en su siguiente PV para el grupo “Yobisute Fantasy”: el consumidor libera a las marionetas y les da vida (una de ellas agradecida salta de boca hacia su entrepierna), comparten un mundo de actividades donde las chicas se ofrecen al consumidor, se muestran acercamientos a los objetos de deseo o planos POV con ellas en la cama, la atención que nos prestan es tan intensa como sea nuestra inversión en ella y finalmente (en los títulos de crédito, cuando el protagonista no puede atravesar la cámara para ir al otro lado) vemos al mismo peluche bailando sólo en su mundo de fantasía. Incluso la intro es una referencia, entrando a través de un corazón en vez de un ojo de cerradura.

Por volver, algún debía de pasar, al artículo original SNSD por supuesto son sexuales: ya es un tópico iniciar un artículo analizando “Gee” por su intro (el chico que coloca a los maniquíes a su antojo), “Genie” incluye numerosos insertos POV que no desentonarían en una película gonzo, y “Oh!” incluye en su letra la conocida expresión “oppa”(“Oppa (oppa), I’ll be (x3) down (down, down)”). Oppa, formalmente, es la expresión de afecto que una chica tiene, por ejemplo, por su hermano mayor. O si es muy pequeña por cualquier chico mayor en edad con el cual tenga algún tipo de relación (es decir no con un desconocido) o algo que se puede llamar en la intimidad de una relación adulta. Es decir, que “oppa” es una palabra que a un chico le excitaría una chica dijera sobre él. Y obviamente también tiene ese uso. Pero, es algo que uno no descubriría leyendo páginas de fans, porque es como designan (“unni” es para chicas) a sus ídolos cada rato. Esto viene fomentado desde la industria, la circulación de afecto, pero también tiene otra lectura, que es del supuesto interés paterno-filial en el trabajo, que en algunas ocasiones se usa como excusa para el acoso sexual. Es decir, en el K-Pop se llama afectivamente a gente que sólo conoces del trabajo, ya sea gente con la que compartes entrenamientos (otros grupos) o alguna (supongo) gente de la empresa que trabaja por “ti” (pongamos ese eufemismo). Pero hay más cosas: muy conocidas son las actuaciones de los grupos de chicas para grupos de militares (inscripción forzosa). Obviamente no son sexuales de forma explícita, pero realmente no se puede creer que los grupos actúen para un montón de jóvenes solitarios que están “llenos de amor” por ellas que por alguna extraña razón no las incluyan en sus fantasías sexuales (que básicamente es lo que hace mucha gente por ejemplo con Avril Lavigne, Taylor Swift o Russian Red). También en un comentario en un hilo, alguien mostraba su sorpresa por cómo al preguntarle a un amigo surcoreano que realmente vivía en el país, este le dijo que los grupos de chicas no tienen realmente éxito si no apelan a los chicos. Su ejemplo era el de 2NE1 y las proporciones de escala dentro de un mismo estadio (la parte pequeña que llenaban para ellas, la grande para los grupos de chicos). Claro, es un mero comentario, pero tiene un cierto toque de realidad en un mundo como el del K-Pop donde hasta los fans cuando hablan parecen que hacen PR. También, alternativamente, se podría hacer el ejercicio de dejar el discurso hegemónico sobre el K-Pop y acercarse a la recepción que estos tienen, por ejemplo, en foros de “pervertidos”. Y comprobar que sus glúteos, pechos, abdominales, piernas y rostros son bien recibidos en dichos lugares. Lo que importará el formato en el que vengan empaquetados.

Supongo que debe resultar bastante raro que hable tanto de afecto como motor del consumo, cuando lo habitual es por ejemplo una lectura algo así como psicoanalítica (el otro día, aburrido leyendo y buscando blogs científicos y laicos que denunciaban pseudo-ciencias, comprobaba como mucha gente gustaba de incluir el psicoanálisis entre ellas) o quizá más popular, la teoría de la supervivencia del más fuerte, esa curiosa lectura de la teoría de la evolución que sirve para vender grandes cosas a hombres “salvajes” en los anuncios. El autor del artículo en el New Yorker, que obviamente no comparte mi argumento del afecto, sin embargo lo presenta desde otra perspectiva.

 Según su teoría, los grupos de K-Pop no lo tienen fácil para triunfar en “Occidente” por el hecho de que gran parte de los ingresos de sus miembros provienen de sus trabajos promocionales o sus apariciones en las televisiones como invitados o en programas de pseudo-realidad. Y que eso ocupa la mayor parte del tiempo que podrían dedicar a girar en otros países o que no pueden hacerlo por la sangría económica que les supondría. Lo que no deja de ser cierto desde el punto de vista estratégico. El autor presenta de forma paradójica cuál podría ser la adaptación de ese modelo a por ejemplo, los Estados Unidos. Pero es que no se trata de que aparezcan en programas “famosos” (que también) sino de que aparezcan de forma más o menos continuada. De Wikipedia:

 The mere-exposure effect is a psychological phenomenon by which people tend to develop a preference for things merely because they are familiar with them.

Ayer, escuchando una radio urbana inglesa, por ejemplo, en el transcurso de dos, tres horas, escuché varias canciones de Rihanna, Chris Brown, Rick Ross, Nicki Minaj (quiero decir, ese era el núcleo de la programación). Y cuando no escuchaba sus canciones, oía sus rumores. O gente analizándolos o haciendo comparaciones con ellos. Que es lo que se pretende con el marketing, no tanto que compres algo específicamente como que seas consciente de que existe. En alguna ocasión, viendo mi propia trayectoria como oyente de K-Pop y la de otra gente, creo que la idea del hábito, en el sentido de generación y consumo de afectos, es bastante importante. Mucha gente señala el momento del descubrimiento de esta escena musical y su deslumbramiento, la cantidad de canciones increíbles o artistas por los que estaban interesados. Después padecen una cierta saturación (mi teoría tonta es sobre los dos años) y acaban en una cierta fase melancólica: se escucha a los mismos grupos y se conecta cada vez menos con los nuevos, que parecen todos cortados por el mismo patrón. Lo curioso de esta exposición es que no se basa en ninguna “era dorada” en concreto. He visto el mismo análisis sobre grupos de la primera década del siglo, del periodo de las boy bands, del auge de los girl groups y del momento actual. La idea del hábito descansa en gran parte en el consumo o no de todas estas cosas que hemos mencionado sobre el afecto: si uno ve los programas televisivos y demás. Son divertidos, son entretenidos, son seguros y reconfortantes. A veces es de las pocas cosas con las que realmente te ríes alguna vez en toda la semana. Yo nunca los consumí con el K-Pop, pero si lo hice, aunque ahora mismo no, con los ídolos japoneses. Como ya hemos dicho, gran parte del artículo descansa sobre un montón de historias y lugares comunes que se pueden leer en sitios de actualidad+opinión sobre el K-Pop. No decimos que no estén destilados y se los interprete y/o presente de una forma más o menos inteligente, pero aunque toque todos esos palos, no hay nada especialmente sorprendente o revelador en todo el asunto. Salvo una sensación general. El artículo se supone que gira alrededor de SNSD y por extensión del K-Pop, pero ha tenido que incluir montones de PSY para que viera la luz verde. Y esto introduce una fricción bastante curiosa e interesante.

Uno de los rasgos distintivos de la propaganda del K-Pop es su sensación de inminencia y dirección: “esto es un éxito, esto es imparable, esto es el futuro”. Por ejemplo, el artículo del New Yorker sobre SNSD se publica la misma semana que el grupo consigue la “increíble” proeza de conseguir el número uno en tres listas de Oricon en Japón (single, DVD, Blu-ray). Y de este modo, uno comprueba lo que está escrito en el artículo, su imparable éxito no sólo en Corea del Sur, sino en Japón y anticipa el impacto que puede tener su futuro disco en USA. Hay multitud de otros circuitos que refuerzan esas sensaciones (la forma de presentación en los programas musicales surcoreanos, la continua mención del “éxito” de giras, canciones y demás, la colaboración o las muestras de interés de artistas y productores norteamericanos).

Estaba leyendo para otra cosa “After the Future” de Franco Berardi. Como no nos gusta demasiado hacer la trampa de fingir que hemos leído un libro completo cuando llevamos unas páginas o unos capítulos, usaremos estas definiciones que suelta al principio:

The rise of the myth of the future is rooted in modern capitalism, in the experience of expansion of the economy and knowledge. The idea that the future will be better than the present is not a natural idea, but the imaginary effect of the peculiarity of the bourgeois production model. Since its beginning, since the discovery of the new continent, and the rewriting of the maps of the world, modernity is defined by an act of amplification of the very limits of the world, and the peculiarity of capitalist economy resides exactly in the accumulation of the surplus value that results in the constant enhancement of the sphere of material goods and knowledge. 

(…) 

But when I say “future” I am not referring to the direction of time. I am thinking, rather, of the psychological perception, which emerged in the cultural situation of progressive modernity, the cultural expectations that were fabricated during the long period of modern civilization, reaching a peak in the years after the Second World War. Those expectations were shaped in the conceptual frameworks of an ever progressing development, albeit through different methodologies: the Hegelo-Marxist mythology of Aufhebung and instauration of the new totality of Communism; the bourgeois mythology of a linear development of welfare and democracy; the technocratic mythology of the all encompassing power of scientific knowledge, and so on. 

La lista de Berardi comienza con los futuristas italianos y termina casi con los neoliberales y la economía de la información. Berardi tiene otro libro dedicado exclusivamente a la generación “Wired” de modo que el interés no es casual. Pero supongo tampoco debe ser tan divergente en su sensación de futuro de una de esas paradojas de la tecnología que enlazamos hace no tanto tiempo: la tecnología crea la ilusión de acción sin reacción por el hecho de que la reacción no se aplica directamente sobre aquel que ejecuta la acción. Por ejemplo, que el hecho de que tus cosas estén guardadas en un disco duro que no ves o almacenadas en un servidor, te hagan creer que la información está “desmaterializada”. Es decir que los efectos de una tecnología se dejan ver de otros modos, por ejemplo en el medio ambiente (¿cuánto % de la electricidad mundial estaba estimado que YouTube consumiera en unos años?).

En las noticias que enlazamos algunos miles de palabras más arriba ya pudieron atisbar algo de esto: la idea de control y avance tecnológico en forma de los productos culturales que se presentan como hallyu 1.0, 2.0, 3.0, como si realmente hubieran sacado esos modelos de una chistera, dado la vida por ellos y triunfado de manera rotunda y espontánea. En el artículo del New Yorker, esta parte está cubierta, con amplitud, por la sección dedicada a Lee Soo-man. Este hombre genera una cierta admiración. Es un mentiroso total que te venderá por todas partes las bondades de su producto, pero también, de vez en cuando, demuestra que tiene la cabeza bastante despejada (en una entrevista no tan lejana en el tiempo, más o menos afirmaba que la única posibilidad de que el K-Pop fuera rentable a largo plazo, del modo en que estaba planteado, ofrecer contenidos gratuitos a través de YouTube (no sólo MVs, también mini-programas, reportes y demás), sería el de lograr algún tipo de plataforma que permitiera la suscripción y el acceso mediante un pago módico o mediante un servicio gratuito que dependiera de la publicidad (ahora mismo el K-Pop si es rentable es por las ayudas del gobierno, los acuerdos promocionales antes mencionados y por la cantidad de ingresos que producen la venta de CDs en Japón, en Corea del Sur, los fans compran productos físicos pero la mayoría de las ventas son digitales)). Dice el artículo:

 Lee called his system “cultural technology.” In a 2011 address at Stanford Business School, he explained, “I coined this term about fourteen years ago, when S.M. decided to launch its artists and cultural content throughout Asia. The age of information technology had dominated most of the nineties, and I predicted that the age of cultural technology would come next.” He went on, “S.M. Entertainment and I see culture as a type of technology. But cultural technology is much more exquisite and complex that information technology.” 

Más tarde:

Lee and his colleagues produced a manual of cultural technology-it’s known around S.M. as C.T.-that catalogued the steps necessary to popularize K-Pop artists in different Asian countries. The manual, which all S.M. employees are instructed to learn, explains when to bring in foreign composers, producers, and choreographers; what chord progressions to use in what country; the precise color of eyeshadow a performer should wear in a particular country; the exact hand gestures he or she should make; and the camera angles to be used in the videos (a three-hundred-and-sixty-degree group shot to open the video, followed by a montage of individual close-ups). 

 En este sentido, este control del producto y su presentación como si fuera algo infalible, es en gran parte lo que genera la continua necesidad de hype del K-Pop. Siempre ha de haber nuevos mercados, nuevos logros, nuevos éxitos de uno u otro modo. Y de repente, el mayor éxito del K-Pop es PSY, que en teoría se descojona del mismo. Y lo hace de un modo tan rotundo, con la gente riéndose con y de él, con tanta repercusión internacional, que de repente, toda la palabrería, todo el hype y demás parece papel mojado, una cosa del pasado. Un montón de fantasmas en vida que no saben que su tiempo ha pasado ya.

Por ejemplo, uno mira el triple número uno de SNSD en Japón y puede mencionar las siguientes cosas. Es conocido, aunque nadie te lo confirmará, que por ejemplo, las grandes compañías cinematográficas norteamericanas pactan cuando lanzarán sus apuestas más caras para que estas no coincidan. No se trata de que no se puedan lanzar películas que no recauden grandes cantidades, pero “Spiderman” y “Batman” no coinciden en la semana de lanzamiento. En Japón, si uno más o menos ve las listas de ventas y los lanzamientos, comprueba que esto también existe. En lo básico, SNSD no tenía ningún rival de entidad como si lo habían tenido hasta ahora con cada uno de sus singles. Según Oricon han vendido 66.253 copias (el número dos fue SKE48 con 36.501 copias en su segunda semana…). Según los maniacos que recogen este tipo de información las ventas de los singles en Japón son las siguientes:

GENIE 44.907 (3)
Gee 66.203 (3)
Mr. Taxi 100.461 (3) 172,205
Paparazzi 92.576 (3) 133,577
Oh! 66.253 (2)

No nos fiamos mucho de estos cuadros, y es un tanto dolor de cabeza buscar una fuente fiable actualizada para esto, pero hemos añadido los valores (más actuales) que Oricon ofrecía en la lista final de los singles más vendidos del año pasado (“Mr. Taxi”) y la de mediados de este año (“Paparazzi”). SNSD tiene la virtud de que sus lanzamientos se venden durante largo tiempo (muestra inequívoca de que son populares), que es algo que ayuda a maquillar estos cuadros, que tienden a no actualizarse y a repetir errores. “Oh!” tiene la desventaja de haberse publicado la semana pasada.

 Aunque SNSD han tenido un notable éxito con su álbum, que según a quien le preguntes ha vendido un millón de copias (pero que no es así), añadiendo las giras de conciertos que lo acompañaron y que como uno puede comprobar por versiones de sus canciones o coreografías que hace la gente, su repercusión ha sido bastante importante, siempre nos ha llamado la atención lo modesto de su rendimiento en el formato single, que es, con su concepto, donde deberían funcionar mejor. El grupo ha lanzado muchas cosas, pero ha mantenido grandes distancias en el tiempo entre sus lanzamientos (el primer single lo sacaron hace dos años, un grupo en Japón saca normalmente 4 o 5 singles en un año). En general, no es difícil encontrar seguidores del grupo que creen que la forma de presentarse en Japón es un poco una mierda, con un aire distante, no demasiada promoción fuera de fechas o que no se trate de algún contrato promocional. Ahora de repente anuncian nuevo single para noviembre y nuevo disco. El número entre paréntesis representa el número de ediciones distintas de cada single. Las ventas en DVD fueron 40.052 y en Blu-Ray 19.133 (los precios de venta son disparatados de modo que sólo fans). Mi hipótesis es que el grupo seguirá siendo popular para un amplio número de fans, pero que ya han tocado (y dejado atrás) techo en su penetración en el mercado.